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  • Marina Martín Laguna

Aparece el cuerpo de Encarnación López Segura

“Un vampiro menos del que preocuparse”

Como lo leen, tras las intensas lluvias de los últimos días y la repentina subida del nivel del río causada por el desbordamiento de la presa, varias de las huertas de la ribera se han visto inundadas, no sólo por agua, también por todo tipo de “basura”: Desde desperdicios quirúrgicos, plásticos, comida e E-books, hasta algún que otro cadáver que los huertanos estaban utilizando como abono para sus cosechas, prácticamente arruinadas por el diluvio.


“Padre decía que era abono de las multinacionales que arrastraba el río y que haría que nuestros tomates crecieran como melones”, nos confesaba Pablito, ganador del último concurso de “Poesías de la huerta de El Borrao” con su poema “Las hortalizas carnívoras”:


“Galopa la tormenta

por los cielos de El Borrao.

Lo que antes era huerta,

ahora parece un arrozal, to’ inundao.

Madre y padre se lamentan

por lo perdido y no ganao.

Que’l ganadero ahora sale al pasto

y se ahorra el gasto poniéndose morao.

¡Ay, mi huerta! Cuando el sol sale y la seca,

Ya está todo destrozao

y me pregunto si podré ir a la escuela sin “la pela”

porque a los huertanos poco nos protege el Estao.

Entre las tomateras más muerta que muerta, asoma.

“¡Pues al menos nos ahorramos el abono!” dice pa’,

Y trocito a trocito por la huerta colocamos “la señora”,

¿Qué si es la Virgen? No lo sé, pero las patatas ahora están para chupar.


Y es que, gracias a estos inocentes versos, la policía abrió una línea de investigación centrada en las huertas, encontrándose con que las riadas habían sacado a flote varios cuerpos vinculados a casos de desapariciones sin resolver. Entre ellos, el cadáver de Encarnación López Segura, hallada muerta hace un mes, desangrada sobre la tumba de su esposo, Joan Martínez Ruíz, tras auto-infringirse varias heridas mortales. Días después del entierro, su cuerpo y el de su marido desaparecieron del cementerio.


Encarnación, famosa hematóloga de El Borrao, tenía seguidores pertenecientes a ciertas sectas vampíricas, que aseguraban que la pareja no estaba realmente muerta, sino que había logrado alcanzar la inmortalidad bajo la forma de un upir.


“Ja, pues un vampiro menos del que preocuparse, ¿no? ¡Anda qué! Menudos locos… y ahora dicen que es que el marido es el vampiro, que la mujer se mató sobre la tumba pa darle de comer y que al despertar de su “letargo” se encontró con la muerta, se la llevó pa tratar de resucitarla y na, que no debe de haberle salido bien. Por eso tiró los restos a la presa. Por eso el cuerpo de él no está. Pero ¿quién nos dice que no lo tengan escondío entre calabazas? Aquí la gente está mu desesperada, ¿sabes? Que con las aguas se han ido los dineros… y a ver de qué come toa esta gente”, cuenta uno de los abogados contratados por los agricultores.


Desde el cese de las lluvias y el descubrimiento de los cuerpos, se han logrado cerrar dos de los 17 casos abiertos de desapariciones sin resolver. Todavía quedan tres cuerpos en la morgue sin identificar que, ojalá, puedan dar respuestas a alguno de esas 17 restantes.