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  • Roberto Márquez

El rincón del vecino: mi espejo funciona mal

María del Carmen nos advierte: ojo con El Bazar de la Loli.

Vecinas y vecinos,


Me llamo María del Carmen Mendieta Sánchez y hoy vengo a decir una cosa, muy alto y muy claro, para que se entere todo el mundo: no compréis nada en El Bazar de la Loli.


El lunes pasado fui a su tienda a ver si tenían un espejo para colgar, porque el mío de la entrada de casa me lo ha roto el cafré de mi niño -que el dice que no, pero a ver quién ha sido porque yo estaba trabajando y su pobre padre tendiendo la ropa, así que a menos que los espejos se quiebren solos... pues destrozaíco me lo ha dejao (sic).


Hecho añicos.

La cosa es que a mí me chiflan las cosas de segunda mano, porque salen bien baratitas y a veces me encuentro con muebles que con darle un poco de cera se me quedan estupendos. Me conozco todas las tiendas: Los Partisanos, La Cueva de Benito, Antigüedades de la Señora Agueda... Y me encontré con esta tienda nueva que han abierto, El Bazar de la Loli, que por fuera tenía un pinta así como recatadita, pero que al entrar era muy amplia y así como muy fresca, con un montón de objetos muy lustrosos. La Loli debe ser la que atiende, que es una señora que todo lo que tiene de alta y de esbelta, lo tiene de sinvergüenza.


Le pregunté que si tenía espejos, y me dijo que sí, que un montón. Y me llevó a un pasillo, pasando unas estatuas así como de cosas fantásticas, muy bonitas, muy bonitas -un poco siniestras, si me preguntas, pero si tienes patio para lucirlas, te pueden quedar muy señoriales. Al final había una selección de espejos y me dijo "éste", que yo al principio le iba a decir "oye, bonita, que me llevaré el que yo quiera no el que a ti te de la gana", pero le quitó el cubrepolvos que tenía encima y oye, que me calló en gracia. La cuestión es que no tengo ni idea de cómo no me di cuenta ahí mismo -creo que estaba nerviosa porque la Loli esta imponía, que se te echaba encima al hablar como una jirafa cabreá (sic).


Bueno, pues que al llegar a casa, cuelgo el espejo, le paso un trapo, y cuando me quiero dar cuenta... ¡Funciona mal! Que no es que esté roto, eh, que tiene su superficie toda pulidita y refleja que da gusto, ¡Pero es que refleja cosas que no están delante! Nada más colgarlo, estaba yo admirándolo -porque otra cosa no, pero la sensación de amplitud que da al recibidor es maravillosa-, cuando veo en el espejo que la puerta de casa se abre, y entra un señor que no conozco de nada, y me sonríe de una forma muy siniestra, muy siniestra.


Yo me giré a decirle que a dónde iba, pero cuando me di la vuelta no había ni señor ni nada. Que yo al principio pensé "Maricarmen, ha sido un chiscu (sic) de la cabeza que te has imaginado cosas", pero es que desde ese día, he visto más veces al señor en el espejo: a veces pasando por detrás mientras lo limpio, o de refilón, sentado en el sillón del salón.


La cosa es que volví al Bazar de la Loli y les canté las cuarenta: ¡Yo me he comprado el espejo para que me refleje a mí y a mi familia, no para que refleje a un señor cualquiera! Pero la Loli me dijo que sus productos no se pueden devolver. Que el espejo ahora es de mi familia para siempre. ¡Un disgusto...!


Así que lo dicho, no compréis nada en El Bazar de la Loli, que son unos estafadores.