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  • Roberto Márquez

Guía de Viaje de El Borrao: La Casa Donde Estás Tú

La mejor muestra de turismo de interior

Bienvenido de nuevo, querido viajero, itinerante vagabundo, explorador de lo cotidiano que has decidido recorrer junto a nosotros los caminos de este, nuestro querido pueblo de El Borrao. Bienvenido, una vez más, a la Guía de Viaje de El Borrao.


En esta ocasión vamos a dirigir nuestros pasos lejos de los bosques, las montañas y los pastos que arropan al pueblo con maternal bucolismo y vamos a llevar nuestro paseo una vez más al interior urbano, al casco antiguo, a los callejones que como látigos a medio restallar, nacen y culebrean desde la Plaza del Ayuntamiento. Allí, entre las boutiques tradicionales y los hogares de abolengo, podrá descubrir el turista con deleite una fachada decorada con filigranas en colores pastel, dotada de grandes ventanales, coronada con un techo de estilo inglés y una reconocible puerta de madera verde.


Es La Casa Donde Estás Tú.



Lo primero que llamará la atención del viajero, además de las hermosas molduras enyesadas que rubrican las orillas del portón, será que él mismo se halla ya en el interior de la casa, observándose con el rostro pegado al ventanal del salón-comedor. Con gesto calmado y conciliador, verá cómo su duplicado eleva el brazo y señala con su dedo índice hacia la puerta, en un inequívoco gesto con el que le convida a pasar adentro. La puerta, por supuesto, estará cerrada, pero no debe el turista alarmarse o sentir aflicción alguna, porque si mete la mano en su bolsillo comprobará con agrado que tiene una llave, y que la llave encaja perfectamente en la cerradura. Cabe decir que si su atuendo carece de bolsillos, como desgraciadamente sucede en ocasiones con la ropa de corte femenino, podrá encontrar también la llave en su bolso, monedero o, en último caso, dentro del zapato.


Por supuesto, nos gustaría poder describir con rigor y cuidado el interior de La Casa Donde Estás Tú para que el turista pudiera planificar su visita con tiempo suficiente, sin embargo debemos admitir, no sin cierta vergüenza, que no nos es posible, puesto que una de las peculiaridades de la casa es que su planta se amolda de forma atenta al espíritu del que la visita, haciendo que el número, disposición e incluso función de las habitaciones permute de forma impredecible. Sirva, aunque sea sólo como parco consuelo, que lo que perdemos en previsión del recorrido al menos se gana en frescura de la visita.


Sin embargo, somos una guía de viaje seria, y no permitiríamos nunca que uno de nuestros lectores se enfrentase a las singulares experiencias que nuestro querido pueblo ofrece sin brindarles al menos un pellizco de luz ante la oscura incertidumbre que encapota algunos de nuestros espacios de interés turístico. A tal efecto, sirva como símbolo de nuestra profesionalidad, la transcripción de la grabación efectuada por la exploradora de la guía, Mercedes Alcaraz Fuentesdeolla, en mil novecientos setenta y tres, cuando ésta, su humilde guía, trató de cartografiar el interior de La Casa Donde Estás Tú.


[Interferencias] 

–cibidor hay un mueble con un cuenco, nada más, y sobre él hay una marca de un cuadro o un espejo… Se ve la pared más sucia alrededor. Por lo demás parece un recibidor bastante normal. [Suena el obturador de su cámara fotográfica] Me gusta, la decoración no está mal. Me recuerda un poco a la casa donde pasaba los veranos de pequeña. Es casi quizá un poco demasiado idílico… con la luz iluminando la vidriera de la puerta y los colores sobre las paredes y el suelo. En fin… El hall se abre a un pasillo ancho con varias puertas y una escalera que sube a la segunda planta. Parece que el pasillo continúa detrás de las escaleras, pero no puedo confirmarlo desde aquí. El salón debería estar aquí, inmediatamente a la izquierda, pero no veo ningún acceso. Voy a abrir la primera puerta. 

[Interferencias] 

La nevera está llena de botellas de cristal, no sé si es zumo o qué [Suena el obturador de su cámara fotográfica], parece que el líquido de dentro brilla, pero debe ser por la luz del interior de la neve-  [Remueve las botellas] No, sí que brilla. He cogido una botella llena de líquido naranja y parece alguna clase de bioluminiscencia. Me pregunto si no será alguna clase de cultivo o… [Destapa la botella]  Huele como a cítrico… y un poco a… ¿Plátano? No debería, no debería, no debería pero… [Se le escucha beber] Ahhh, está fresco, no frío, pero… Sabe a día de playa, a sol en la piel, a sudor pegajoso… A ver el verde. [Se escucha coger otra botella, destaparla y beber] Esta sabe a… Bleeeeh, aagh, que mal. [Escupe]  Sabe a nervios, a presentarse a un examen sin haber estudiado… Espera, no, no a un examen… [Vuelve a beber, paladea] Al examen de Concepto y Métodos de la Geografía de 2º de carrera. Son bebidas evocadoras de recuerdos, qué interesante… Voy a coger unas muestras. Mmm… Veo una botella llena de un líquido negro, esta al fondo… [Remueve botellas] Aquí. Esta botella no es bioluminiscente. Parece diferente al resto… Creo que… Hay algo flotando dentro. Algo de color pálido… Parece inerte, choca contra el cristal cuando muevo la botella. No veo bien qué es… [Grito ahogado de Mercedes. La botella cae y se rompe] Dios, que susto más tonto. Es un muñeco. De un hombre con un bañador naranja. Estaba dentro de la botella. [Pasos en el piso superior] Hay alguien arriba. Quizá sea yo misma. Voy a comprobarlo.

[Interferencias]

No encuentro las escaleras. Al salir de la cocina en lugar del recibidor me he encontrado un pasillo largo de suelo de gres y paredes de yeso. La temperatura ha bajado de forma considerable y huele a humedad. Hay… [Golpes en superficie metálica]  …puertas de metal verde cada pocos metros. Me resulta familiar… ¡Espera! Oigo algo… [Silencio] Son voces de niños, ahora las escucho con claridad. ¡Eh! ¿Me escucháis? [Silencio] ¿Quién? ¿Quién os ha encerrado? [Silencio] No, no le conozco. ¡Tranquila, no te preocupes! Voy a buscar a la policía. [Silencio] No llores, por favor. No llores… Euhg… Hace tanto frío aquí, estoy temblando. Voy… Tengo que salir… No puedo quedarme, cariño, lo siento, lo siento… Quédate aquí. Este es tu sitio. Aaaaah… [Abre una puerta. Sonido de olas] No hay luz… La pared está mojada, es… piedra, irregular… Hay una luz al fondo.

[Interferencias]

Es una playa. Parece una cala subterránea. Una cueva que se cierra a nivel del mar. Hay un hombre aquí, tumbado… Está tumbado… Con la cara contra la arena. Su cuerpo esta hinchado, en proceso de saponificación, tan blando y descompuesto que cuando lo levantan su carne se deshace entre las cinchas como si fuese de gelatina. Tardaron un mes en encontrarlo, y fue por casualidad. Un tipo haciendo snorkel se metió en la cueva y vio el bañador naranja asomando en la arena. No sé cuánto más tardaron en encontrar los trasteros bajo el chalet.

[Los pasos en la arena se convierten en pasos sobre madera]

Creo que estoy en la segunda planta. Ah, que fastidio, tengo los zapatos llenos de arena- [Grito ahogado] Muy bien, esto es lo que buscábamos, tengo a mi duplicado en mi línea de visión. Está dentro de una de las habitaciones, sentada en la cama. Voy a intentar hacer contacto, a ver si consigo que me conteste al formulario. [Pasos en madera] Hola, buenos días, soy Mercedes Alcaraz, de La Guía de Viaje de El Borrao. Me preguntaba si podría contestarme a unas preguntas. [Silencio] No, yo no oigo nada. ¿Cómo voy a oírles? [Silencio] Te digo que no les oigo, me da igual lo que griten. Hay tres plantas por en medio, y el sonido de la calle. Y yo siempre tenía música puesta. No tenía ni idea… ¡Que no tenía ni idea! Podía haber sido un ruido de fuera, o la casa al asentarse, o el gato o mil mierdas más, ¿Me entiendes? Por la noche, cuando la casa estaba en silencio, creía que eran fantasmas, me tapaba con la sábana, con los pies encogidos porque me daba miedo que si me colgaban por fuera me fueran a agarrar. ¿Cómo va a ser culpa mía, eh? ¿Cómo? ¡Si yo ya pensaba que estaban muertos…!

[Interferencias]

He vuelto al hall… Hay más puertas, pero creo que por hoy es suficiente… Voy a dejar la llave en el bol de la entrada y a salir…. Vaya… No era un cuadro lo que había sobre el mueble del recibidor, era una foto. Una reproducción ampliada de cuando nos compramos la casa de verano. Está mi madre con un vestido verde de flores, mi hermano, mi padre y yo. Mi hermano y yo estamos subidos cada uno en una bici. Unas Orbea de varillas, una roja y otra amarilla. Las dos tenían timbre y la mía, además, una cesta… Y mi padre, mi padre está como siempre, con su cuerpo moreno y peludo, sus collares de oro, sus gafas de sol de aviador, la camisa abierta y su bañador naranja. Su bañador naranja. Su bañador naranja…

Creo que es hora de salir…”

La Casa Donde Estás Tú está abierta al público veinticuatros horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año. Si al escuchar la experiencia de nuestra avezada exploradora Mercedes Alcaraz sientes dudas sobre visitar la casa o no, recuerda, viajero, que tú ya estás dentro.


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