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  • Roberto Márquez

Guía de Viaje de El Borrao: El puente de la bruma roja

Inauguramos nueva sección semanal con un monográfico sobre el famoso puente que custodia la entrada a nuestro pueblo

Al pie de las montañas, rodeado de bosques y vadeado por un plácido río, puede encontrar el viajero de naturaleza curiosa y espíritu aventurero un lugar que no debe dejar de visitar si en verdad quiere llenar su diario de historias y anécdotas de gran interés. Hablamos, claro, de nuestro querido pueblo de El Borrao.


La primera parada obligatoria está incluso antes de entrar en el burgo, en el gargantuesco puente de piedra oscura que sobrevuela las espumosas aguas del río y que, notará el turista, llegue a pie, en coche o en transporte colectivo, está cubierto de una niebla rojiza afectada de cierta cualidad fosforescente.


Es el Puente de la Bruma Roja, que recibe al visitante solicitándole ya desde su llegada una muestra de confianza importante, pues la perenne calima impide ver el otro lado y la única forma de llegar hasta El Borrao es cruzar confiando en que el pueblo se halle al otro lado.


Curiosamente, la bruma roja es el único fenómeno meteorológico conocido que funciona de forma unidireccional, en tanto que el viajero siempre verá la entrada del pueblo cubierta por una bruma roja desde su extremo, pero descubrirá que ésta ha desaparecido una vez llegue al otro lado y se de la vuelta. Este fenómeno, siempre desconcertante para el visitante novel, es motivo de gran hilaridad para los ancianos del lugar, que pasan la tarde comiendo pipas en los bancos a su salida.


Es buena idea soportar las chanzas y pararse a departir con los viejos, y así quizá se entere uno de alguna anécdota curiosa del lugar. Por ejemplo, puede sorprenderse uno al descubrir que el puente estaba en El Borrao antes de que se construyese la primera casa. Algo que en principio desafía la lógica, pero que sin embargo ha sido verificado por expertos arqueólogos que han datado su construcción a fechas muy anteriores a la fundación del pueblo. Es algo que a nosotros nos desconcierta, pero que sin duda a los primeros pobladores les debió de resultar muy útil, siendo una experiencia similar a ser el dueño del primer automóvil de la historia y descubrir con agrado que alguien ya ha construido una plaza de parking frente a nuestra casa.


Hay quién dice que el puente estaba incluso antes de que la montaña estallara y el manantial se precipitara ladera abajo, aunque los estudiosos y las personas razonables desdeñan esas historias como parte del folclore local, al ser un factor fundamental de la existencia de los puentes la necesidad de usarlos para cruzar de aquí a allá, cometido del todo improbable al no existir el río y, por tanto, no haber dos orillas que conectar.


El Puente de la Bruma Roja es un lugar de gran interés, no sólo arquitectónico, sino también científico. A lo largo de los años, varios grupos de investigación científica han analizado, mesurado y cuantificado todas las características analizables, mensurables y cuantificables del mismo. Sabemos así que el puente mide 87 metros de largo y 41 de alto y está compuesto de un total de treinta y dos mil cuatrocientos trece ladrillos de un material terroso cuya composición exacta aun está por determinar, pero que cuenta con un alto contenido en cobre. Las hipótesis que se han barajado para explicar el origen de la niebla ocre y su propiedades físicas abarcan desde posibles reacciones químicas entre la piedra del puente y las aguas del manantial del meteorito, hasta microcristales en suspensión, generados por la erosión de la roca, que tiñen la bruma y polarizan la luz solar.


Lo más cerca que se ha estado de resolver el misterio fue en el año 1987, cuando el profesor Emilio Seseña anunció que su equipo y él se hallaban pendientes del resultado de un último análisis para descifrar la composición definitiva de la piedra y el origen de la niebla. Sin embargo, el profesor Seseña perdió la vida al día siguiente sin haber hecho públicos los resultados. De acuerdo a un testigo que se encontraba haciendo jogging, el profesor Seseña había aparcado su vehículo, una furgoneta Volkswagen T3, en un extremo del puente. Visiblemente alterado, arrastraba una bombona de material altamente inflamable dentro de la parte trasera, para después desaparecer en su interior. A los pocos minutos, el vehículo detonaba provocando graves daños materiales pero, afortunadamente, sin afectar a la integridad del puente. Se especula que el profesor transportaba material de laboratorio en su furgoneta, habiéndose producido su ignición de forma accidental. Desgraciadamente, el profesor llevaba encima en ese momento todas las notas relativas a su investigación.


El Puente de la Bruma Roja es sólo el primero de muchos prodigios que aguardan al turista de El Borrao. Afortunadamente, también es de los pocos que no requiere de medidas de seguridad adicionales ni consejos de supervivencia. Sólo recuerda, viajero, las palabras que están inscritas en la placa de bronce que recibe a todos nuestros visitantes:


Si a El Borrao quieres llegar, la bruma roja tendrás que cruzar...


La Guía de Viajes de El Borrao es una publicación semanal que recopila lugares interesantes y actividades notables que nuestro querido pueblo ofrece a viajeros, trotamundos y turistas.