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  • Roberto Márquez

La Consulta de Camila: problemas de comunicación

La doctora Camila Cortes nos da la clave para que nuestra relación de pareja no se deteriore con el tiempo

Hola, Camila.
Mi nombre es Sandro, y soy vecino del pueblo de toda la vida. Te escribo porque últimamente me cuesta mucho comunicarme con mi mujer, Melinda, y la verdad es que la situación se me está haciendo muy cuesta arriba.
Verás, yo siempre he sido muy dicharachero, y una cosa que siempre nos ha gustado es hablar en la cena de las anécdotas del trabajo -yo soy chófer de autobús, y ella trabaja en la fábrica de relojes. La cosa es que antes no estábamos ni poniendo los platos, que ya estábamos ahí, dándole a la sin hueso, contándonos que si no se quién se había liado con no sé cuál, o que a mí se me había cruzado un ciervo haciendo la ruta de la periferia... pero últimamente, no sé, es como que está siempre ensimismada en sus pensamientos. Al principio no era nada fuera del otro mundo, lo típico que le decía algo y se lo tenía que repetir porque no estaba atenta, pero es que cada vez se pasa más tiempo allá que aquí, ¿me entiende?
Y si sólo fuera eso, pues no habría problema, porque todos tenemos derecho a tener épocas como más distraídas, pero es que según han ido pasando las semanas, yo la he ido viendo peor. Empezó a encerrarse en su habitación nada más llegar del trabajo y sólo salía para cenar. Insistía en poner la televisión y ver las noticias, algo que nunca hemos hecho. Yo le preguntaba "Qué tal el día" y ella me decía "Como todos, todos igual", que a mí me daba una pena infinita, porque se pasaba las cenas mirando la tele con una atención estremecedora. Un día empezó a recitar las noticias como en bajito, siguiendo el guión del periodista. Que yo le decía que qué hacía y ella me chistaba, como si estuviera en medio de un examen. Así siguió varios días, hasta que de repente, te lo juro que no me lo inventó, me di cuenta de que ella iba un poquito por delante del presentador. Que yo le dije "Coño, Melinda, cómo sabes qué va a decir" y ella me miraba así como con los ojos desencajados y me decía "no sé qué va a decir".
Yo llegue a pensar que era una broma todo -que mi mujer siempre ha sido muy imaginativa-, pero es que ayer llego a casa de hacer la compra en el súper, y me la encuentro con que ha destrozado el parqué de la casa escarbando con un destornillador, tallando un montón de números y ecuaciones matemáticas. Cuando le pregunté qué hacía, me dice, sollozando, que tiene que salir, que no soporta verme morir todo el rato, que se está volviendo loca. Le dije que no, que qué se iba a estar volviendo loca, y me dijo que sí, que ya lo estaba, aunque no, pero que sí. Yo ahí le dije "Melinda, de verdad que no te entiendo", y ella se metió en el dormitorio a llorar a moco tendido.
¿Qué hago, Camila? ¿Cómo puedo hacer que las cosas vuelvan a ser como antes?

Bueno, Sandro.


Ante todo, es un placer estrenar contigo mi nueva consulta en este, nuestro querido Blog de El Borrao.


El problema que tienes con tu pareja es muy, muy sencillo. De hecho, es un problema que, en cierta manera, ya se ha resuelto sólo. Verás, lo que le sucede a tu mujer es que sufre del Síndrome de Carruth, una afección muy común entre los que trabajan en el gremio de la relojería. Este síndrome se produce cuando el contacto continuado con mecanismos de medición del tiempo provoca en el paciente un entendimiento superior del funcionamiento de la corriente entrópica. Los primeros síntomas son una constante sensación de déjà vu que lleva al afectado a distraerse con facilidad. Probablemente, esto es lo que le sucedía a Melinda cuando tú describes que "no estaba atenta". En este estado todavía es posible tratar al paciente con un poco de terapia de aislamiento: se le mete en un cuarto insonorizado bajo tierra, donde se le hace vivir en un constante flujo de aleatoriedad: se le sirven un número aleatorio de comidas a lo largo del día, se le encienden y apagan las luces en periodos irregulares de varias horas... etc, de forma que acaben perdiendo totalmente el sentido del tiempo.


En el caso de Melinda, me temo que la afección ha avanzado demasiado como para poder ofrecerle tratamiento. En este instante, es muy posible que Melinda sea plenamente consciente de la naturaleza circular del tiempo, de manera que esté experimentando la práctica totalidad de su vida (y muerte) de forma constante y permanente. A partir de este momento, sólo quedan dos opciones: la primera, es que Melinda encuentre una forma de romper la continuidad espacio temporal y trascienda como un ser divino más allá de las leyes de la física. En ese caso deberíais poder reanudar vuestras charlas durante la cena sin mayor problema. La otra opción -la más probable- es que la neurosis de tu mujer se vaya haciendo cada vez más y más severa, hasta que le provoque la muerte o la catatonia. Pero no te preocupes, Sandro, cualquiera de los dos resultados son igual de positivos.


Ten en cuenta que tu mujer "esta harta de verte morir", lo que significa que tú cesarás de estar entre los vivos ANTES de que ella pierda del todo la cabeza. Y si esto no te parece motivo suficiente para estar tranquilo, debes tener en cuenta que lo que está trastocando a Melinda es la propia naturaleza circular del tiempo: todo está pasando de forma constante, así que aunque ella esté perdiendo la cabeza y tú vayas a morir, al mismo tiempo estáis los dos comiéndoos unos macarrones mientras os contáis anécdotas de vuestra vida laboral, así que pase lo que pase, todo está bien.


Ha sido un placer haberte ayudado con tu problema, Sandro. Como siempre, a través de la ciencia y la psicología, todo tiene solución.


Si estás interesado en que Camila te asesore, no dudes en escribirnos detallando tu problema a vocesenlacajapodcast@gmail.com